Copados pero no tanto

Durante mi niñez pensaba que todo el que se vestía bien era buena onda. Por vestirse bien me refiero a utilizar prendas coloridas, ponerse accesorios y animarse a las estampas poco convencionales. Para mí era buena onda la gente que no se vestía como se vestían todos en Las Rosas; la gente que usaba lunares enormes, rayas anchas, aros grandes sin importarle lo que pensaban los demás. Yo no estaba acostumbrada a ver gente que se vistiera así. Entonces daba por supuesto que todos los que usaban vestimenta creativa eran personas abiertas, inteligentes, cultas.

También creía que las personas que tenían tatuajes y piercings eran sí o sí buena onda. Estaba segura de que todos los que estaban dispuestos a agujerearse o pincharse con tinta tenían más conciencia social que aquellos que no se animaban a hacerlo. Me parecía que ese sufrimiento estético era una especie de reconocimiento al sufrimiento físico y psicológico que muchos otros estaban pasando. Necesariamente consideraba a las personas con tatuajes y piercings como serias, comprometidas y pensantes. Cada piercing nacía de una razón intensa, cada tatuaje era único y tenía un significado especial. Si alguien que se vestía bien tenía además tatuajes y piercings, yo estaba segura de que era alguien muy interesante.

Con el tiempo me di cuenta de que las percepciones que tenía de chica eran prejuicios. No todos los que se visten con onda son buena onda. No todos los que tienen tatuajes o piercings tienen la mente abierta. Muchas personas que se visten bien no lo hacen por motivos concienzudos, sino por frivolidad, para llamar la atención y atraer la mirada vacía de los demás. Muchos se hacen piercings porque muchos otros tienen piercings. Muchos se hacen un tatuaje genérico que no tiene ningún sentido, que eligieron de entre un montón de imágenes almacenadas en una carpeta, que solamente «está bueno».

Los prejuicios de mi infancia se limitaban a la imagen. Creía que alguien era copado porque su ropa o las intervenciones que había hecho en su piel me parecían copadas. Ahora sé que hay que conocer a la persona para saber si es copada. Pero también sé que en realidad no estaba tan equivocada. Yo me dejaba guiar solo por la imagen y resulta que descubrí que hay gente que solo es imagen. Me refiero a la gente que se preocupa más por la ropa, que por conectar con los demás; a la gente que mide sus vínculos según la cantidad de personas que comentan sus fotos en Facebook; a la gente que se preocupa por mostrar sus nuevos tatuajes y no por ayudar a alguien que lo necesite. Mientras reflexionaba sobre estas personas que solo son imagen, decidí ponerles nombre de tribu urbana. Son «los copados pero no tanto».

Los copados pero no tanto son una tribu urbana que quiere sobresalir de la masa sin tener cualidades muy destacadas para hacerlo. Por este motivo, la tribu decide resaltar por motivos superficiales como su manera de vestir, la inclusión de una enorme cantidad de piercings en su piel o la incorporación inacabable de tatuajes. Los integrantes de este grupo intentan tener gustos cool. Sin embargo,  no son muy reflexivos sobre esos gustos. Por ejemplo, adoran Breaking Bad, pero prefieren un capítulo lleno de violencia y sangre a uno intimista y profundo como «Fly».

«Fly» los aburre, así como también los aburre leer, hablar de política y estar sin el celular en la mano por más de cinco minutos. En las redes sociales ponen fotos «artísticas» y frases complejas que no entienden ni pueden explicar. Cuando nadie los ve, escuchan los temas de moda y miran el programa de Tinelli. Nunca tienen conversaciones en serio: es más importante hablar todo el tiempo de objetos y experiencias mundanas y de lo que van a hacer ese finde.

En Rosario, van a lugares como Bar del Mundo o Brit. Estos dos lugares también son copados pero no tanto. Si vas temprano al Bar del Mundo, te sirven comida cosmopolita y pasan música de todas partes del planeta (bueno, más o menos). Pero cerca de las doce de la noche hay una transformación. Parece que el mundo se circunscribe a Estados Unidos y que la música se limita a la música electrónica. Todo lo internacional se esfuma. El resto de la noche vas a escuchar a Alexandra Stan y a Pitbull. En Brit pasa casi lo mismo. Mientras cenás escuchás rock británico del mejor, quizás hasta haya una banda en vivo que toque temas de Adele, The Beatles, Queen, Coldplay y demás. A la hora del postre, en cambio, vas a bailar con Nene Malo y Los Palmeras.

No creo en las etiquetas.  Por eso intento destruir los prejuicios que solía tener. No es fácil. Aunque parezca que las características de los copados pero no tanto son prejuiciosas todas surgen de la observación. Hay muchas personas que encajan en esa descripción. Y hay otras tantas que no y me parece genial que así sea. Ir con la manada no es saludable.  No tenemos que entrar a ninguna especie de tribu para sentirnos parte de algo. Nadie de afuera tiene que venir a legitimarnos la existencia.

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2 thoughts on “Copados pero no tanto

  1. Valen, nuevamente, me encanta tu post. Me sentí muy identificada con tu manera de ver a la tribu de los “copados pero no tanto”. Y, como dice algún rock: “Ir detrás de la manada no nos conduce a nada”. Saludos.

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